Cada vez más personas le están pidiendo al navegador que haga el trabajo de un gestor de workspaces. Sobre el papel, eso tiene sentido. Los navegadores ya ofrecen funciones como spaces, perfiles, pestañas fijadas, paneles laterales y contextos agrupados, así que es tentador pensar que un único navegador puede convertirse en el lugar donde vive todo el trabajo. El dolor aparece cuando esa misma herramienta sigue intentando ser tu superficie de búsqueda, tu zona de investigación, tu capa de comunicación y tu conmutador de tareas al mismo tiempo.
Por eso la pregunta “navegador o workspace” sigue volviendo. Cuando el navegador empieza a parecer un sistema operativo, el problema real deja de ser la cantidad de funciones. Pasa a ser si la herramienta te ayuda a ejecutar con límites más claros o si simplemente te da más formas de mantenerlo todo abierto a la vez.